El Cuélebre del desfiladero del Tueiro (La Gotera), en la Vid de Gordón.
Esta leyenda es de origen Celta y anterior al cristianismo.
Con la llegada del cristianismo a las montañas leonesas, el cual se expande y se consolida rápidamente, aunque quedan restos y tradiciones antiguas que los curas no son capaces de quitar del imaginario popular; como siempre tienen soluciones ocurrentes, toman estas antiguas tradiciones y les añaden todo tipo de su repertorio santoral para luego difundirlo contaminado.
La versión antigua que me relataron en La Pola de Gordón, siendo niño, dice: en tiempos remotos, habitaba un lagarto gigante en las montañas del alto Bernesga. Cuando tenía calor, bajaba al río Bernesga, en el desfiladero del Tueiro (La Vid de Gordón), y se tumbaba en él, provocando que se embalsara el agua. Cuando se levantaba, esto producía una riada sobre las huertas limítrofes, y se llevaba por pontones hechos con troncos de árboles para cruzar el cauce.
Cuando tenía hambre, se comía alguna oveja que se encontrara por el monte.
Esta situación, repetida en el tiempo, es motivo de enojo entre los habitantes de la zona, lo que provoca la entrada en acción a un pastor que, discurre una treta para acabar con el bicho: toma un costillar de una oveja y dobla las costillas, apretándolas hacia adentro, añadiendo al conjunto sebo para formar una pelota grande; esta la deja en una zona por donde solía moverse el lagarto y el pastor se esconde detrás de unas rocas con un hacha en la mano; espera a que pase el cuélebre, cuando la divisa va a por ella y se la mete en la boca, comenzando a masticarla y se deshace la pelota, habiéndose las costillas y al tragarlo se le clavan en la garganta. Atragantado al animal, se revuelve y patalea panza arriba, momento que aprovecha el pastor para salir de entre las rocas y cortarle la cabeza.
La versión posterior, modificada por los curas, dice que quién realizó este hecho fue San Lorenzo, en compañía de sus hermanos San Vicente y San Pelayo, los cuales se encontraban todos en Tánger.
La gotera, hace referencia a una cárcel que hubo en el desfiladero del Tueiro durante el periodo de la inquisición, ésta tenía como especialidad a la tortura de la gota de agua: sujetaban al infeliz que pillaban los curas a un sillón de madera, atándolo fuertemente a él y de forma especial la cabeza, para que no la pudiera mover; luego colocaban sobre su cabeza y en alto a un barreño lleno de agua, el cual tenía una espita por donde la dejaban pasar gota a gota, lentamente, cayendo sobre la cabeza del reo. Esta persistencia en el goteo resultaba insoportable a lo largo del tiempo, obligando al infeliz a confesar cualquier barbaridad que se les ocurriera a los curas.
La Graja o Corvus frugileus, aunque se distribuye por toda la península Ibérica, solo cría en la provincia de León, son mensajeras de la llegada de la primavera, comienzan a fabricar sus nidos hasta casi mediados de abril.
Los nidos se agrupas en diferentes colonias situadas en las riberas de los ríos, en las choperas próximas a los pueblos.
En la ciudad de León, hubo una importante colonia en las torres de la catedral hasta que las ahuyentaron por el deterioro que ocasionaban a la piedra.
Antaño, cuando tocaban las campanas, los grajos salían espantados volando en bandadas y por contra, al mismo tiempo del repique de campanas entraban los clérigos por
las puertas, vestidos todos con sotanas negras; este contraste fue marcando huella, dando lugar en la tradición popular leonesa de llamar grajos a los curas.
Los grajos de la catedral de León.
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